Suave, entra y se desliza
por tus párpados lejía
y sin temor a represalias
tiñe tu piel de color tiza
dejando atrás toda herejía
incitándote a las falacias.
Oscura, evidente y salvaje
aunque tranquila a la vez que deseosa
buscada por los pícaros
temida por quién trabaje
la amo aún sabiendo que es peligrosa
como el amor del Sol con Ícaro.
De vuelta, no paro de mirar atrás
buscando lo que imagino
oigo pasos y no hay huellas
preguntándome si sería capaz
de seguir con mi camino
si te dejase de ver con las estrellas.
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